Mientras tanto, en el
otro lado del mundo…
La carretera estaba tranquila,
Carl Richardson iba al colegio, con su autobús amarillo, a recoger a los niños
y llevarlos a casa. Nunca ocurrió. El mastodonte de hierro comenzó a echar un
humo negro por el tubo de escape, Carl no le dio importancia. Una patrulla de
carreteras le obligó a parar. El agente le explicó que su autobús expulsaba un
humo demasiado contaminante para el medio ambiente y, sobre todo, para los
niños. El chófer coge los documentos correspondientes de la guantera y baja al
coche patrulla que estaba delante.
¡Plic plic! Se escuchó saltar
chispas en la parte trasera. Los tres se asomaron y vieron como un pequeño
fuego salía del tubo de escape del autobús. Uno de los agentes volvió
rápidamente al coche para coger su extintor y acabar con las llamas mientras su
compañero y el conductor hablaban de la extraña situación.
No consiguió liberar
el extintor de la anilla cuando, repentinamente, un gran ¡BOOM! desuela la
escena. Nadie para ver, nadie para asistir. En una tarde fatídica en una carretera
secundaria y, por lo general, tranquila, para tres familias.
En el cielo, como apósito de la columna de humo densa del fuego, una nube ligera de color más oscuro que el humo del fuego fue fotografiada desde distintos puntos de la ciudad. Algunos afirman haber oído risas del más allá mientras aquella pequeña nube iba alejándose del lugar de los hechos, hasta, por fin, desaparecer en el infinito .


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